agua en la orilla
Dicen -cuentan- que hay algo en nosotros que abre las mismas puertas de la humildad e inocencia sea como seas, que una llama oscurece de por si ante su propia presencia como si fuera una emoción que expresa en silencio tan singular e intensa belleza nacida de una pequeña brizna.
Si, tus ojos latidos, versados en tan suave y baja atalaya, son capaces de mirar donde nace el propio alba del alma humana sin necesidad de preguntarse si es que la eternidad admite límites aunque no haya.
Aquí sin más que contemplar de esa manera que da la forma a la esencia el sentido inexplicable del habla, donde el río del beso cruza despreocupado de quien besa con tan solo sentir de nuevo el rostro que ilumina sin igual cualquier reflejo de la diversidad donde las haya.
Así -de aullidos desnudos tras un nuevo susurro que juega- encontré como abrir los ojos es amar por encima de las aguas de tu propia impermanencia o la mía, sentida conciencia sin ella que da sentido al cruzar de las olas, saludando a ese cielo de donde emana también tu belleza.
Que por igual el abrazo, atiende y se extiende en tus brazos y ramas, verdes coloridos que hay por encima, donde se adentra mi alma si es que los miro con tal de ver tu propio rastro en esas delicadas huellas que no dejas pero que si notan si el prejuicio abandona tu mirada.
Un mismo reflejo, una misma luna, que sin misterio ni conciencia qué única identidad diversa, y así te dije cuanto deseaba regalar lo que evoca mi alma y entregar sin reserva hasta lo que se recibe por acunar a la propia luna en cualquiera de esas noches que están siempre sin espera ni pausa.
Que de esa manera los firmamentos impresionan como traza tu propia mirada cuando aqui -sin ir más allá de la orilla- me tiendo en tus rodillas jugando como un niño otra vez con la arena diciendo de nuevo hola a la vida, que es en ti donde el despertar acompaña a toda Naturaleza.
Y sentí quien me preguntaba desde su sinceridad honesta quien podía dar vida a una rosa, la misma que nacida es tu lágrima sentida hasta en la noche más oscura donde sienten hasta las ruinas y piedras, pétreas donde la hubo sin más esplendor que el sencillo ahora donde amanece cada día.
Más sencillo, te respondo diciendo que tu misma la diste vida con tu presencia pues dentro de ti hay aún una respuesta más sencilla sin complicar ni dañar ninguna vida para que ésta aprenda y se realice de tantas diversas formas.
Como rozar en cascada, la caricia cuando rueda el beso con su propia piel acaecida que por amar habla de una sencilla manera que explica sin duda alguna por qué no hay misterios en esta vida.
Eleva mi decir hasta tu vida, que tu propio silencio es más intenso que mis palabras, disuélvelas con gracia, sintiendo que la plenitud te corresponde compartiéndola cada día, que al igual que la rosa lo marchito es amado sin diferencias y especificamente por la misma belleza que le da igual el nombre que reciba con tal de contemplar tu propia libertad y dicha.
Qué es tan regalo no sentir ni sentidos ni conciencia como sentir en los colores y aromas las caricias que dan sabor propio a tu propia conciencia, como la sal se disuelve en sonrisa en el aire que da forma a toda orilla.
Tus labios tracé sobre la arena - que ni importa las pérdidas y ganancias cuando el viento redibuja- alegrándome de sentirte de nuevo aquí y ahora como el primer día.
Por algo los tracé liberados hasta de sus alas, por algo los dejé para que tu decidieras que decir con ellos pues tu cuerpo al ser el mismo alma puede expresar cada matiz mismo de una única esencia que cada día toma forma tan dentro y cerca como lo hace una sencilla gota de agua en la orilla.