26 09 2007

Quizás te miré tras el ras que atenta deja ésta sobre las aguas. Hasta baja y elevada, susurrada bajo el despertar dócil de un nuevo día.

Como del amanecer quiere, el latir resurge ante su propio misterio con tal de percibir que así de breve, la profundidad acaricia esa piel propia que es inexpresable cuando olvidamos que amar se hace sin yos ni palabras.

Que es bien cierto que el corazón no necesita sangre para decir un basta o enamorarse de aquello que encuentra. Que por sentir hasta se educa la mente y el alma, ese habla indefinible que aparece de repente iluminándote escondida de la mano de una suave sonrisa.

Que como hoja y brote la brisa le habla, como un nuevo saludo de una pluma que se posa casual en el caudal del camino de quien camina. Que de todas, quizás la luna encuentra mi mirada allá arriba, aquí en unas mismas aguas de este océano donde se juntan y separan las personas, el vaivén natural de esas ondas.

No queda otra -tras la elección personal- de decir bien fuerte desde dentro hola a la vida. Hasta me rió y me siento desposeído de mi propio habla por no dirigir éste hacia las propias categorías que sesgan las emociones naturales del alma.

La mirada siempre vive en el alma, o es ésta quien da vida a toda instante que emana de esa mirada. Hasta cerrando los ojos se ve porque la vista no alcanza lo que el corazón ya tiene de presencia.

Y en esta mañana quien me diría si el deseo viajó sola, dejando desnuda las brisas atentas que quien sabe si traeran noticias. Pues de entre ellas cae otra pluma, otra rama, otra hoja… atuendos de ella que desata y libera, como la sencillez de quien saluda y de una manera tan especial en este traza donde las huellas se desdibujan ellas solas.





22 09 2007

De todas formas, las cuestiones que nos suelen quitar el sueño no son precisamente las cuestiones. Reconocer ésto, nos puede ayudar a recordar otro tipo de cuestiones.

Quizás sean interesantes porque ya el mero hecho de desmantenarlas es una tarea dura para uno mismo. Hasta enriquecedoras por lo que acaba sobrando. Y digo «desmantelar» porque creo que son muchas veces la mejor manera de tratarlas.

Algo así me ha recordado una pequeña anécdota. En cierto lugar, había un espíritu que atemorizaba a las gentes. Es decir, al parecer no les dejaba vivir. Una noche fui allí y me senté a esperarle. Apareció y empezó a hacer su teatro. Le sonreí, le agradecí la función y acto seguido le mandé a paseo. En cuatro palabras tan solo le dije, “por favor déjame dormir”.

Si observas, tampoco hay diferencia en tratar la propia mente de uno a tratar los espíritus tanto propios como de otros.

Recuerdo que al principio se quedó como descentrado. Como si en realidad no estuviera allí. Después se acomodó y pasó la noche en silencio haciéndome compañía mientras dormía. A la mañana siguiente, nos despedimos, y cada cual siguió su camino no si antes decirme con una sonrisa, “es cierto, se puede hablar y hablar del amor pero solo el enamorado sonríe”.

Al fin y al cabo siempre se agradece un equipaje ligero en el viaje. Hasta liviano si se quiere decir, y no por ello carente de profundidad. Hasta llegado el caso dejamos atrás hasta esas cuestiones.

También es cierto que las leyendas han hecho mucho por nosotros. Nos entretienen, pero también es cierto que nos llenen la cabeza de barbaridades. Y no me refiero a bárbaros ni a barbas sucias de tres meses.

Mi impresión -y así retomaré la pregunta que me hiciste- es que efectivamente estas historias acaban sobre impresioanando su propia realidad acontándola gracias a la propia mente que las escribe. Por tanto disminuyendo su propia dimensión de aquello que tienen de veraz. Como tu naturaleza o la mía propia.

Así que espero que olvides muy pronto mis propias palabras. Recuerda que es importante escuchar, escucharte a ti. Así es más fácil que las preguntas se vayan y vengan las respuestas.

Por cierto, ¿te apetece pasear? Algo me dice que hoy habrá un precioso atardecer. Y si, ahora lo recuerdo. Por este motivo conocí aquel espíritu del que te hablé. Me alegro mucho que esta vez lo puedas ver. Claro, el atardecer.





19 09 2007

 

Impresiones sobre el Tao

El Tao es Paciente pero no espera.
No actúa aunque su acción es duradera.

Su quietud, su perseverencia.
Su Estar, su movimiento.

Su acción, la no-acción
y aún así sus efectos se notan.

Respeta los ciclos, los cambios
pero avanza con claridad en línea recta.

Alberga y contiene Esperanza,
pero no la derrocha,
y a todos los seres les llega.

Les llena sin darse cuenta,
sin oposición, sin conocimiento
les ilumina incluso desde la ignorancia.

Aun así les dota de sabiduría,
aunque no lo sepan.





15 09 2007

 

el suspiro se posa

Por entonces quien quiso saber
que el libre sentir es plenitud
si me digo que expresar
es un horizonte que yace
aquí en libertad.

Después de todo,
te vi partir y hasta reir dentro de mi,
o fue la brisa quien casual
trajo tus noticias en un si,

en un suspiro sutil de un colibrí.

Que por entonces
quién supo decir que un devenir
es un sencillo querer desde el latir.

y así, lo infinito se concreta
al silenciar hasta
mi propio basta de mi,
cuando suave mi mirada
-centrada- se posa en ti.

 





12 09 2007

 

vaivén

Te vi, y escuché a tus ojos decir
que brevedad más intensa
en este partir de mi
que hace, descubrir.

Sin creer ya quien fui,
quien dijo de mi que estuve alli.

Qué allá por entonces
hasta el olvido recordó
el sencillo motivo
que aquí le hizo vivir.

¿te ríes conmigo sin tener que huir?

 





8 09 2007

 

Haz simplemente lo que tengas que hacer, sin alboroto.
Con eso basta.

(anónimo)





1 09 2007

 

agua en la orilla

 

Dicen -cuentan- que hay algo en nosotros que abre las mismas puertas de la humildad e inocencia sea como seas, que una llama oscurece de por si ante su propia presencia como si fuera una emoción que expresa en silencio tan singular e intensa belleza nacida de una pequeña brizna.

 

Si, tus ojos latidos, versados en tan suave y baja atalaya, son capaces de mirar donde nace el propio alba del alma humana sin necesidad de preguntarse si es que la eternidad admite límites aunque no haya.

 

Aquí sin más que contemplar de esa manera que da la forma a la esencia el sentido inexplicable del habla, donde el río del beso cruza despreocupado de quien besa con tan solo sentir de nuevo el rostro que ilumina sin igual cualquier reflejo de la diversidad donde las haya.

 

Así -de aullidos desnudos tras un nuevo susurro que juega- encontré como abrir los ojos es amar por encima de las aguas de tu propia impermanencia o la mía, sentida conciencia sin ella que da sentido al cruzar de las olas, saludando a ese cielo de donde emana también tu belleza.

 

Que por igual el abrazo, atiende y se extiende en tus brazos y ramas, verdes coloridos que hay por encima, donde se adentra mi alma si es que los miro con tal de ver tu propio rastro en esas delicadas huellas que no dejas pero que si notan si el prejuicio abandona tu mirada.

 

Un mismo reflejo, una misma luna, que sin misterio ni conciencia qué única identidad diversa, y así te dije cuanto deseaba regalar lo que evoca mi alma y entregar sin reserva hasta lo que se recibe por acunar a la propia luna en cualquiera de esas noches que están siempre sin espera ni pausa.

 

Que de esa manera los firmamentos impresionan como traza tu propia mirada cuando aqui -sin ir más allá de la orilla- me tiendo en tus rodillas jugando como un niño otra vez con la arena diciendo de nuevo hola a la vida, que es en ti donde el despertar acompaña a toda Naturaleza.

 

Y sentí quien me preguntaba desde su sinceridad honesta quien podía dar vida a una rosa, la misma que nacida es tu lágrima sentida hasta en la noche más oscura donde sienten hasta las ruinas y piedras, pétreas donde la hubo sin más esplendor que el sencillo ahora donde amanece cada día.

 

Más sencillo, te respondo diciendo que tu misma la diste vida con tu presencia pues dentro de ti hay aún una respuesta más sencilla sin complicar ni dañar ninguna vida para que ésta aprenda y se realice de tantas diversas formas.

 

Como rozar en cascada, la caricia cuando rueda el beso con su propia piel acaecida que por amar habla de una sencilla manera que explica sin duda alguna por qué no hay misterios en esta vida.

 

Eleva mi decir hasta tu vida, que tu propio silencio es más intenso que mis palabras, disuélvelas con gracia, sintiendo que la plenitud te corresponde compartiéndola cada día, que al igual que la rosa lo marchito es amado sin diferencias y especificamente por la misma belleza que le da igual el nombre que reciba con tal de contemplar tu propia libertad y dicha.

 

Qué es tan regalo no sentir ni sentidos ni conciencia como sentir en los colores y aromas las caricias que dan sabor propio a tu propia conciencia, como la sal se disuelve en sonrisa en el aire que da forma a toda orilla.

 

Tus labios tracé sobre la arena - que ni importa las pérdidas y ganancias cuando el viento redibuja- alegrándome de sentirte de nuevo aquí y ahora como el primer día.

 

Por algo los tracé liberados hasta de sus alas, por algo los dejé para que tu decidieras que decir con ellos pues tu cuerpo al ser el mismo alma puede expresar cada matiz mismo de una única esencia que cada día toma forma tan dentro y cerca como lo hace una sencilla gota de agua en la orilla.