ausencias y presencias
En cuestiones de relaciones sentimentales opino que éstas son importantísimas para completar al ser pero también en su ausencia encuentro -si cabe- más importancia.
Tras relaciones intensas conviene periodos de limpieza tanto interior como exterior. Por ejemplo, limpiar la casa, desechar toda clase de objetos que más tarde pueden resultar innecesarios recuerdos y apegos. Centrarse -por ejemplo- en fregar el suelo a mano es una buena actividad para ir poniendo en su sitio tanto las emociones como la mente. Pasear sin pensamiento alguno -en la medida de lo posible- también.
En cuanto a la interior, encuentro que es beneficioso reconocer y aceptar con calma lo que sea. Son momentos difíciles y muy confusos donde se juntan toda una serie de emociones que conviene desplegar y sacarlas como si fueran nubes, para que acaben disolviéndose con naturalidad.
El humor y reirse de uno mismo es un potente catalizador de este tipo de emociones que quedan latentes en la sintesis de una muy especial: la alegría.
A fin de cuentas la virulencia de las tormentas es temporal. También su belleza pero distinto es la calma de las aguas donde se descargó esa virulencia.
También puede resultar positivo entender que solo el corazón es capaz de asimilar con sencillez las pérdidas y ganancias derivadas de la impermenancia a la que está sujeta la vida de cualquiera. El ego, en cambio no. Invertir esfuerzos en él no merece la pena.
Por mi parte, me ayuda entender que el bien es aquello que nos libera y permite liberar. Tener esto presente puede resultar de gran ayuda, así como que en esos momentos lo mejor es vaciarse, descalzarse, desaprender.
Aprender a decir «hola» y «adiós» es la marca del guerrero que ya no necesita armas.
Por otro lado, una lección importante para el alma es observar que estar enamorado no es un estado exclusivo de una relación de pareja. Si he estado enamorado, ¿por qué ahora no lo puedo sentir cuando no estoy con nadie?
Se puede experimentar de muchas diversas formas resultando igualmente enriquecedor. Es más, llegado el momento es hasta necesario esta experiencia para apreciar las siguientes.
Quien recorre gran parte de estos estadios o estados quizás pueda reconocer y decirse con calma que me han amado, me han odiado, he amado, he odiado, me han ignorado y he ignorado. Zanjar los asuntos pendientes es importante, y si no quieren, seguimos.
Las emociones y su expresividad es trascendental para nuestro desarrollo personal. También educar la mente y el corazón es necesario si uno quiere bienestar. La felicidad es subjetiva. Distinto es la serenidad interior.
Quizás el reconocimiento de este amplio espectro de emociones (algunas realmente fantasmales) y posterior aprendizaje creo que son necesarias para que cuajen en relaciones de todo tipo -no solo sentimentales- y que éstas puedan ser francas e intensas. Naturales. Porque a decir verdad, también las hay.
Y mientras llegan éstas o no llegan, conocerse es una gran experiencia. Una experiencia que dura muchas vidas y que cuando llega no hay duda que la respuesta queda enriquecida por todo aquello que creímos y nos desprendimos de nosotros mismos. Especialmente de los prejuicios que suelen ser malos consejeros tanto a la hora de conocerse como de conocer a otros.
El color se expresa y se reconoce también gracias a su contraste, del mismo modo que la calidad de la sombra depende de su sol, y no hay duda que los mejores paisajes se pintan en lienzos en blanco. Del mismo modo es el agua, que tiene cabida precisamente en recintos vacíos. Y hay ciertas bienvenidas que necesitan todo el espacio del mundo. De tu mundo. Es decir, toda una buena noticia.