Los oráculos son como la comida. Por mucho que te cuenten con veracidad o buenas intenciones como saben, si no lo pruebas te puedes perder toda la comida. Y si puedes elegirla, pues que sea sin duda la mejor de las comidas. Y no me refiero a consultar cualquiera de ellos, sino sencillamente a vivir.
Pues a fin de cuentas -sin haberlas- alimentarse es conocerse como que los Oráculos son una fuente sapiencial de uno mismo. Y si el Corazón se conoce, -se reconoce- siente que está en todas las cosas. En presente. Sean grandes o pequeñas. Animadas o aparentemente inanimadas.
Eso mismo creo que se nota cuando se conoce el alma de uno y así uno se da cuenta que hay tanto dentro como a la vez fuera. Pero estaría loco si dijera que me conozco y conozco por tanto todas las cosas. Que aburrida sería entonces mi vida.
De todas formas si que reconozco que es posible aceptar y percibir aquello que llamamos con esperanza “futuro” a través de la corriente de la vida de una forma desinteresada. Lo que fluye hacia delante y a la vez con sus consecuencias y efectos, naturalmente lo que cambia.
Y quien lo siente lo mira con otros ojos, lo siente con otro Corazón, lo mira en Silencio con otra mirada por encima misma de la olas de la impermanencia, como vuela un Aguila Ancha. Libre incluso de su propio destino, sin ataduras. Mirarle a los ojos puede ser toda una experiencia de fortaleza y sencillez. De la innata humildad que nos reconoce a pesar de las alturas y distancias.
Y donde caen sus plumas, ¡ay mi vida! serán los saludos de la Vida que caen de su Ala. Pero tan importante como el águila está el colibrí recogiendo los pequeños Néctares que cada día aparecen, haciendo que éstos sean diferentes y sentidos de diferente forma.
Quizás el secreto de la sonrisa resida ahí, en un pequeño colibrí que se siente feliz por lo que cae del cielo y se posa cada mañana.
Que aunque hay unas gotas de tristeza en mi vida, si miro a las plumas casuales que caen junto a mi como hojas de Otoño o Primavera, me parece que mi vida es tan tonta como divertida, y que no me acuerdo de nada.
Pues de alguna extraña forma lo mismo lo dijo mi olvido sobre mi memoria sobre volando lentamente a ras de las aguas.
Que de todas formas, Amar es sentir lo sencillo que anida en nosotros de esa manera que el Silencio saborea hasta los Néctares que alimentan tanto el cuerpo como el alma pues los ciruelos no solo crecen en Primavera.
Como que -a pesar de todo lo que nos ocurre en la vida- no perdemos el don que encamina, y es expresarse como te salga del alma. Como te la gana. Pues es un alimento que da aliento a cada momento del alma. Hacia el reencuentro, hacia la normalidad que es capaz de liberar y hacer brillar los ojos como el alba.
Y así una vez o diez lo diré con calma, ¿quieres conocer mi futuro? Seguramente tanto como yo, -contestaré-, pues si es así quédate. Lo que sea, que las cosas suceden como vuela un Aguila Ancha.