9 05 2008
A menudo -añadió- las personas suelen hablar y hablar sin parar. Si observas sus conversaciones te sonaran. Se repiten. En muchos casos divertimentos, dimes y diretes. Si precisas además verás que en realidad no se suele decir nada importante. Se omite lo que se siente. No obstante, no siempre es así pues a veces en los inicios de relaciones u otros momentos es lo que se hace, se expresa uno como sale. Y hasta se escucha lo que otra persona dice. Pero se olvida pronto, y lo que fue se convierte en un conviene. Se tiene miedo a sentir o a que otra persona descubra que efectivamente llevamos fiebre, y que salte la liebre. Y así, los corderos son los lobos entre tanto que se pierde. Parece que por expresar nos hacemos vulnerables y dependientes, y acabamos hipotecados a creer que somos lo que pensamos. Y no es así, pues conocer tus emociones y su fuente te hace algo más que fuerte. Aún así suelo estar pendiente -matizó- pues entre tanto direte a veces sale el motivo por el cual se silencia uno sin escucharse. Claro, -hablo de mí- pues ahí está la raíz de la mente, cuando quieta ésta se disuelve y comienza anisada a entender qué se siente, y qué es lo importante.