11 05 2008
En aquello que no está escrito se reconoce la palabra,
silencio entre lineas que cala despacio
y se ensancha como nace tácita la mañana,
tan personal que solo cabe la guía
por alguien que ya comprende por qué
la medionoche es el mediodía con su media sonrisa.
De ahí que el rocío se alegre de ser presente de la mañana,
sin mirar si es ayer o mañana cuando su latido dócil
brota dentro de su alba sin retirar la mirada,
presentiendo que la belleza ni está muerta ni está viva.
Es algo más que dictar palabra tras palabra
entre sus corrientes, modas y conveniencias,
sin pensar ni en horizontes que acoten esa mirada
como toda montaña yace sobre la tierra
que es la mar y cuna de toda criatura.
La raíz que acontece anisada de toda profundidad y altura.
Diversificado el sentido que tolera el no desperdicio
de cualquier alimento y vida al entender
que mi vida no puede valer más que el de una hormiga
a pesar de la importancia y valía de cada persona
que entra y sale por esta vida.
Pues no temas -amiga mía-
que solo hay una muerte ilusoria y se realiza en vida.
La no-diferencia enseña a ver la belleza que emana cada día,
enseñando de manera causal y continua la misma naturalidad
que muestra nuestra común Naturaleza,
que a pesar de toda impermanencia
permanece inalterable y diamantina.
Son mis miedos, mi ceguera,
son mis prejuicios, mi cojera,
son las prisas, mis pérdidas,
es mi ilusión, mis ganancias,
mi ego, el que no se entera,
el que sufre y hace sufrir a otros
de manera desmedida.
Es amar como tal lo que libera,
lo que comprende que la belleza
no es solo una palabra y está
en todos y todas la cosas.