14 05 2008
Sobre el llano atisba la atalaya
mar de tus ojos que esconde la mirada.
Por un beso, por una caricia encontrada
por fundir en el gesto el corazón
que arde libre ya de sus briznas.
En ese silencio que aulla la expresividad misma
que nos libera de todo cuerpo y alma
sin más ilusión que la presente y día,
sin más pretensión que el olvido que cala
cuando se cruza directa la mirada
acaeciendo huérfana de un ego
que no entiende porque no-ser
es plena existencia en lo más sencillo de ésta.
Cuando se encontró con la tuya,
-me pregunto-
tan natural e imperfecta
que todo el cielo cabe en ella.
Un matiz que se alegra y despierta,
el tesoro de sentir en ti
mi propia existencia,
sin más huella
que el reflejo que no queda.