Con el paso de los años me he dado cuenta que verdaderamente no se ayuda. Incluso a veces he pensado que ayudar o forzar esta ayuda es un gesto egoísta por muy buenas intenciones que uno tenga.
Es decir, las ruedas deben rodar y botar, seguir su camino. Y cuando la rueda se detiene, se detiene. Punto y pelota, y la pelota continua rodando hasta la siguiente etapa, como que el humor es un buen amortiguador para los baches de la vida.
No obstante también confieso que a veces es más duro no poder ayudar que ayudar, aunque esta ayuda parezca toda una quimera. Del mismo modo, también digo que estaría loco si creyera que soy de verdadera ayuda. Y por favor, si decide continuar leyendo me gustaría que se quedara con esto de mi y no con mis historias, que a fin de cuentas son como las de otro u otra cualquiera.
Y si digo ésto, es porque pienso que todos estamos cojos de alguna forma, y a veces las ayudas son como muletas. Y curar la cojera es una cosa muy diferente.
Es más, iría un poco más lejos y reconocería que uno de los momentos que más he sufrido en la vida es cuando sufrí la prepotencia e ignorancia de una persona que quería y que ella tenía claro que no necesitaba ayuda. Ni la mía ni la de nadie. Pero tampoco quería liberarme y que yo hiciera mi vida. Tan claro eso, como que yo mismo me obsesioné durante días y días con el tema, y me provoqué algo que -si me lo permite- no merecía.
No obstante, después la vida me hizo un regalo enorme sin darme cuenta de una persona que me agradecía mi ayuda. Entonces, vi la diferencia entre una y otra situación. Es decir, la diferencia entre las personas y aceptando la importancia de las cosas buenas para mi corazón.
Pero si hablo de ésto, debo reconocer que me han ayudado. Y ésta ayuda ha sido sin duda efectiva. Eficaz. Y si ha sido eficaz es porque venía del alma, del corazón, de lo que uno quiera llamar a esa falta de razón que da sentido a todo sin explicación.
También agradezco que algunas de sus palabras se quedaran en mi corazón y no se perdieran por el camino como es lo habitual. Es decir, en un saco roto y desperdigadas por la Montaña. También me queda un sentido de saber, quién estuvo, y quien no estuvo, y quien sin estar también estuvo.
En otra etapa de mi vida podría hablar de rencor respecto de quien no estuvo. Hoy hablo de suerte. Del mismo modo, entonces no sonreía porque no me amaban y hoy lo hago precisamente porque no me amaron de aquella manera que pensaba o que quería.
Y quien estuvo -de cualquiera de las formas y presencias- solo puedo decir que fue una gran suerte para mi sin duda alguno. Las mejores cosas y personas que han llegado a mi vida son las que no he elegido y aparecen como si vinieran de la nada, haciéndome compañía. Dejándome que me descubriera, que saliera de mi y de mis pequeñas cosas.
Y no me atrevería a describir estos mecanismos del alma aunque si usted está interesado en empezar a observarlos consulte al i-ching o libro de las mutaciones. A mi a veces me ha resultado de ayuda. No como oráculo si no como fuente sapiencial de uno mismo.
Si quiere vislumbrar su futuro, observe su presente, pues diferente es quien cava un hoyo a quien hace un hoyo para plantar una planta. Si, ha visto el futuro sin bolas mágicas. En un caso, no verá a nadie, y en el otro, a una hermosa flor o planta, con raíces y no con los pies y la cabeza bajo la tierra. Un sencillo método de adivinación, válido para todos los días del año.
Por otro lado, es importante no olvidar que si queremos ayudar, nosotros mismos tenemos que estar bien. Esto es particularmente importante porque si nos descuidamos a nosotros mismos, más que ayudar podemos ocasionar que la situación no siga su ritmo y ciclo natural. También diría por experiencia que es difícil aceptar estos ritmos, ciclos y etapas.
Es importante en la media de lo posible no interferir, y vivir y dejar vivir. También las buenas cosas llegan por si solas si abrimos la puerta. Solo algo se puede llenar si está vacío.
Las puertas de la comprensión se abren desde la aceptación. También pienso que es particularmente importante observarlo de cara a temas más serios, y siempre conviene huir de los dogmatismos y atender especificamente cada situación y a cada persona, sin descuidarnos a nosotros mismos y a otras personas de nuestra vida pues también ellas están capacitadas para ayudarnos en nuestra ayuda.
A veces he observado que a la vida le encanta hacer carambolas y siempre tengo la impresión que cuando lanza lo hace a la vez por el bien de muchas personas, y ellas mismas siempre tienen la libertad de aceptar o no aceptar lo que les llega.
Y es curioso porque confieso que todo lo anterior me ha venido mientras me venía a la cabeza una pequeña historia o leyenda, que a decir verdad era lo que quería publicar, y no toda esta retaila de mi y mis cosas.
Así que iré al grano o más bien a la playa. La historia dice lo siguiente:
hace mucho tiempo dos espíritus sutiles se asombraron que a pesar de todo lo bello creado, a pesar del Amor y del amor entre las personas, éstas no eran felices. Sufrían por amor, una y otra vez. A veces encontraban gente feliz, pero era una minoría, y también en ellas observaron etapas.
Así que decidieron encarnarse y vivir a ver si en la propia piel descubrían el por qué de esta situación que no llegaban a entender por completo. Con el paso del tiempo amaron, y fueron amados. Y que decir tiene que sufrieron, y sufrieron también el despecho delante de su espalda, y como su pecho sentía en el corazón la espada. Confirmaron que era cierto lo que observaron tiempo atrás desde las estrellas.
Al término de sus vidas -y una vez resueltos los temas pendientes con otras personas- se volvieron a reunir un día cualquier en una playa. Ambos ya estaban solos en la vida. La pareja de uno de ellos había fallecido recientemente y la otra -después de todo lo vivido- decidió descansar y meditar sin pensar los últimos años de su vida.
En aquel encuentro, ambos se miraron, y se dijeron todo con la mirada. En ese momento, se empezaron a reír y no pararon en una buena hora, como nos otorga a todos y todas cada hora que es nuestra vida. Inmensas carcajadas resonaban en la distancia pues cayeron en la cuenta de lo que ya había pero que no se dieron cuenta.
Así que unieron su manos, y con las libres -antes de adentrarse de nuevo en el agua- aceptaron que aún habiendo descubierto el pequeño secreto del sufrimiento del amor y del alma, debían dibujar un ornitorrinco en la arena. Es decir, decidieron no dejar por escrito la solución al enigma y si tan curiosa y libre criatura.
Cada uno empezó en un extremo, uniéndose sus dedos en su pico. Tras ésto, se disolvieron en el reflejo de la luna que atendía la escena sobre las aguas como si de Una Leyenda se tratara.
La historia no termina aquí. Si no más bien aquí comienza, si es que los comienzos y finales importan, si es que tienen vocación de ser palabra.
Poco después una persona que sufría por amor caminaba por aquella playa solitaria en esa soledad que desespera. Lo normal, es que no se hubiera percatado del dibujo en la arena, pues con nuestras prisas y cosas propias no nos demos cuenta ni de la mayor de las Lunas llenas que nos planta delante su mirada.
Pero algo le llamó la atención sobre aquello trazos que ya empezaban a desdibujarse con la Casualidad del roce de las olas que poco a poco la besaban dándola una nueva forma.
Mientras miraba el dibujo preguntándose que sería aquello sobre la orilla -de repente tras el toque de una casual y suave ola- el ornitorrinco dibujado cobró vida.
Sorprendido, le miró, y entonces al verle -y tras una pausa- comenzó a reirse sin parar durante un buen rato hasta que acabó riéndose de si. No sé reía de esa criatura, se reía de sus propias penas. Así se sintió mejor, como se puede sentir el alivio de una brisa con su murmurante y silenciosa ola que a ras de su abrazo deja la sonrisa liberada dando aquel inerte vida propia.
Aquel hombre o mujer algo se le quedó en el alma, pues poco tiempo después contagió sin querer su sueño y despertar a otras personas. Lo que había visto nacer en aquella playa. Pensó -”si lo cuento creerán que estoy loco de verás”- y sin darse ni cuenta gracias al silencio de su mirada consiguió que mucha gente sin motivo descansara y sonriera.
Y hoy me pregunto que quizás por eso la ciencia dice que la risa y el bostezo sea lo único que se contagia en esta vida, pero a decir verdad también pienso que no se contagia todo menos la belleza. La risa y el sueño, como pasos al despertar de mi alma a tu alma, como es la caída de mi rama o de una sencilla hoja.
Así que si ha aguantado hasta aquí, creo que se merece otra confesión, el por qué me vino a la mente esta historia. Me acabo de dar cuenta. Pensaba esta mañana en dos amigas.
En una pensaba porque siempre me dice -de una manera muy seria- que el amor es una mierda y después acaba riéndose y con la sonrisa puesta, contagiándome su sonrisa. La otra por que a penas sé nada de ella, y no me cabe la menor duda del gran corazón que tiene y demuestra.
Así que de todas formas, haré lo que me corresponde en esta mañana y me voy a hacer la compra, sintiendo en mi corazón una única cosa.
Que fueron ellas en parte las que de alguna manera me inspiraron toda esta historia aunque como yo no entendemos el por qué de muchas cosas.
Una porque -aunque lo niegue- tiene una preciosa sonrisa que derrite a las mismas lágrimas pétreas de las gárgolas, y la otra porque le encanta dormir sin que me quepa la menor duda de la belleza de su mirada aún cuando sus ojos se cierran acurrucándose junto a su corazón y alma.
Pues será mi sueño de mi
quien me despierta en esta orilla
al sentir aquí dentro de mi
en una mirada una sonrisa tuya.