7 03 2008

Con frecuencia es difícil contestar a la siguiente pregunta: qué es alma. ¿existe de verdad? En diversas ocasiones, me he encontrado con personas que sencillamente con fe ciega afirman de su existencia. Otras en cambio, lo niegan.

Y hasta si cabe, taladran la pregunta, y miran a otro parte sin pensar ni tan siquiera si se equivocan. Vamos, como todos los que tenemos boca, del mismo modo que conocernos, no es describir el ego propio como si hiciéramos la lista de la compra, aunque si que es importante lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Lo que nos hace sentir bien, y no tan bien.

Es la misma pregunta que puede dar cabida a emociones aparentemente contradictorias. De esperanza, y de mi miedo, de ignorancia. Y al llegar a este punto, me da por pensar que siempre la sorpresa es cosa propia. Es decir, experiencia personal sin palabras, y que lo único que va a acabar en el incinerador, van a ser mis neuronas.

Tampoco creo que se necesite de ningún credo o religión en partircular. Es más, hasta preciso que si llega el momento hay que prescindir de todo, hasta de lo que entendemos cada uno por alma.

A fin de cuentas la naturaleza antes de nacer, ya sabe volar. Como nadar, y más veces de las que pensamos ésta ya sabe por donde se anda su par. Es esa cosa (que algunos llaman poderes específicos del alma) tan clara como confusa llamada intuición.

De los nombres que puede recibir, muchos. A veces se le llama corazón, otras espíritu por sacar algunos ejemplos. También es energía. Vibración, Vacío. Emoción, sentimiento. Y sin duda, -al menos para mi- la mejor prueba de su existencia y Naturaleza emocional. O al menos cuando yo me noto, la siento. Pero no se preocupe, que no la veo.

Incluso en estados avanzados de meditación (o cuando la Vida nos mira con buenos ojos) su percepción puede llegar a vislumbrar que es el propio cuerpo. Cada célula y tejido de nosotros. Es decir, el alma es el cuerpo. Y así, fíjese usted todas las que se pueden ver al tiempo con tanta naturalidad.

Pues separar lo físico de lo espiritual suele causar más cojeras de lo normal en un mundo donde todo cambia -se trasnsforma- lenta e incesantemente. Donde regar, es la causa, y crecer el efecto. Es más, hasta si paramos nuestros pensamientos, si paramos nuestro cuerpo, nos sorprenderemos de todo lo que se mueve y está.

Y hasta quizás tengamos la certeza de sentirla pues no hay mejor prueba de ella que sentirla sin palabras. A través de la emoción, de lo que sentimos sea como sean esos sentimientos. Pues llegado a ese punto lo que menos precisa ésta es que encima le echemos toneladas de sentimientos culpables.

A fin de cuentas, también el alma es luz y oscuridad, como en la sombra hay luz, y luz en la sombra.

De todas formas, y así de claro lo intentaré decir, cuando me lío, busco algo sencillo y lo toco, lo siento. Sin pensar, en calma. Y me encanta posar mis manos en la tierra, y lentamente profundizar como si mis dedos fueran raíces. No busco nada en especial, y menos mi alma que por ahí andará. Si no a decir verdad, sentirlo todo junto como si todo fuera lo mismo sin diferenciar.

Bueno, tampoco es tan raro. Todos alguna vez buscamos un tesoro escondido bajo la tierra. Ya que el tesoro sea el oro o lo que nos hace sentir es como tantas cosas una aceptación personal.





28 02 2008

A estas alturas me resultaría difícil echar memoria, si es que la ilusión tiene también alas. Aunque si que es cierto que en algunas ocasiones ésta me viene a mi mente como si su propia demora tuviese cabida en mi ahora. Y es tan pregunta como respuesta si es que mi propia duda se deja.

Muchas veces no me queda otra que arrojar la toalla, y dejar que ésta quieta y que se disuelva, se vaya de la misma manera que vino. A golpes de sorpresa o con sus suaves melodías a cálidas aureolas le dejo abierta hasta el cielo, la puerta. Incluso los infiernos por si solos tienen cabida cuando el alma desespera y aulla en los ecos de la mente que se quiebra. Más impermanencia.

De todas formas, muchas veces ni pienso si es que el pasado ya algo importa cuando uno se transforma dejándose sentir en su propia derrota. También de ahí brotan las veraces y efímeras medias sonrisas que parecen escaparse abarcando todo el Ahora. Pues el viaje se hace liviano ya sea en ésta o en la otra orilla si lo pendiente queda de la mano de la pequeña alegría.

A fin de cuentas los pasados no son más que estados mentales que adoptan las más variopintas formas, contando de la mitad esa otra mitad que intenta explicar precisamente toda la historia a pesar de mi ignorancia. Y después si uno sobrevive hasta puede contar telas y arañas. Lo demás a la cueva. Y si le queda aún energías no queda otra que reírse de uno mismo con todo el encanto del alma.

Pues de ahí surgen los encantamientos que enamoran percibiendo que lo pequeño es inmenso si se quiere tanto como se le deja. Será la voz del silencio que susurra la misma intensidad que algunas veces nos puede mostrar en la sinceridad de la palabra.

Y en este punto, me pregunto si es que contar mi historia merecería la pena, o sea, merece su tiempo o el mío. O debería decir, por favor, ¡más caracolas!.

De todas formas, seguramente en mi caso si cuento mi historia haría que en algún momento se me recogiera la mirada, y por estas fechas éstas buscan levantarse aunque sea con algo de tardía con el alba, y por qué negarlo, también recuerdan.

Pues no es por mirar si toda espera recibe su recompensa, o compensa toda espera, pues será que el sentir se acaba notando de alguna manera precisamente ahí, en esa mirada que cuenta por si sola toda la historia.

Pero para eso hay que estar, mirar como salga a otra persona, pues así es como cuentan que sale el alma adoptando su natural forma. Ya lo que llegue es la sorpresa y desvelar tal belleza sería como contar una historia, es decir, dejar las cosas a medias y hacer creer que las cosas se terminan y se completan cuando en cada momento se inician cada día.





23 11 2007

 

Inesperadas y bienvenidas son las formas con que la vida nos compensa aunque ya no sé si fue por lo que hicimos, lo que no-hicimos o nuestras propias cojeras. Y como darte besos lo puedo elegir, lo hago.

 





17 11 2007

Con el paso de los años me he dado cuenta que verdaderamente no se ayuda. Incluso a veces he pensado que ayudar o forzar esta ayuda es un gesto egoísta por muy buenas intenciones que uno tenga.

Es decir, las ruedas deben rodar y botar, seguir su camino. Y cuando la rueda se detiene, se detiene. Punto y pelota, y la pelota continua rodando hasta la siguiente etapa, como que el humor es un buen amortiguador para los baches de la vida.

No obstante también confieso que a veces es más duro no poder ayudar que ayudar, aunque esta ayuda parezca toda una quimera. Del mismo modo, también digo que estaría loco si creyera que soy de verdadera ayuda. Y por favor, si decide continuar leyendo me gustaría que se quedara con esto de mi y no con mis historias, que a fin de cuentas son como las de otro u otra cualquiera.

Y si digo ésto, es porque pienso que todos estamos cojos de alguna forma, y a veces las ayudas son como muletas. Y curar la cojera es una cosa muy diferente.

Es más, iría un poco más lejos y reconocería que uno de los momentos que más he sufrido en la vida es cuando sufrí la prepotencia e ignorancia de una persona que quería y que ella tenía claro que no necesitaba ayuda. Ni la mía ni la de nadie. Pero tampoco quería liberarme y que yo hiciera mi vida. Tan claro eso, como que yo mismo me obsesioné durante días y días con el tema, y me provoqué algo que -si me lo permite- no merecía.

No obstante, después la vida me hizo un regalo enorme sin darme cuenta de una persona que me agradecía mi ayuda. Entonces, vi la diferencia entre una y otra situación. Es decir, la diferencia entre las personas y aceptando la importancia de las cosas buenas para mi corazón.

Pero si hablo de ésto, debo reconocer que me han ayudado. Y ésta ayuda ha sido sin duda efectiva. Eficaz. Y si ha sido eficaz es porque venía del alma, del corazón, de lo que uno quiera llamar a esa falta de razón que da sentido a todo sin explicación.

También agradezco que algunas de sus palabras se quedaran en mi corazón y no se perdieran por el camino como es lo habitual. Es decir, en un saco roto y desperdigadas por la Montaña. También me queda un sentido de saber, quién estuvo, y quien no estuvo, y quien sin estar también estuvo.

En otra etapa de mi vida podría hablar de rencor respecto de quien no estuvo. Hoy hablo de suerte. Del mismo modo, entonces no sonreía porque no me amaban y hoy lo hago precisamente porque no me amaron de aquella manera que pensaba o que quería.

Y quien estuvo -de cualquiera de las formas y presencias- solo puedo decir que fue una gran suerte para mi sin duda alguno. Las mejores cosas y personas que han llegado a mi vida son las que no he elegido y aparecen como si vinieran de la nada, haciéndome compañía. Dejándome que me descubriera, que saliera de mi y de mis pequeñas cosas.

Y no me atrevería a describir estos mecanismos del alma aunque si usted está interesado en empezar a observarlos consulte al i-ching o libro de las mutaciones. A mi a veces me ha resultado de ayuda. No como oráculo si no como fuente sapiencial de uno mismo.

Si quiere vislumbrar su futuro, observe su presente, pues diferente es quien cava un hoyo a quien hace un hoyo para plantar una planta. Si, ha visto el futuro sin bolas mágicas. En un caso, no verá a nadie, y en el otro, a una hermosa flor o planta, con raíces y no con los pies y la cabeza bajo la tierra. Un sencillo método de adivinación, válido para todos los días del año.

Por otro lado, es importante no olvidar que si queremos ayudar, nosotros mismos tenemos que estar bien. Esto es particularmente importante porque si nos descuidamos a nosotros mismos, más que ayudar podemos ocasionar que la situación no siga su ritmo y ciclo natural. También diría por experiencia que es difícil aceptar estos ritmos, ciclos y etapas.

Es importante en la media de lo posible no interferir, y vivir y dejar vivir. También las buenas cosas llegan por si solas si abrimos la puerta. Solo algo se puede llenar si está vacío.

Las puertas de la comprensión se abren desde la aceptación. También pienso que es particularmente importante observarlo de cara a temas más serios, y siempre conviene huir de los dogmatismos y atender especificamente cada situación y a cada persona, sin descuidarnos a nosotros mismos y a otras personas de nuestra vida pues también ellas están capacitadas para ayudarnos en nuestra ayuda.

A veces he observado que a la vida le encanta hacer carambolas y siempre tengo la impresión que cuando lanza lo hace a la vez por el bien de muchas personas, y ellas mismas siempre tienen la libertad de aceptar o no aceptar lo que les llega.

Y es curioso porque confieso que todo lo anterior me ha venido mientras me venía a la cabeza una pequeña historia o leyenda, que a decir verdad era lo que quería publicar, y no toda esta retaila de mi y mis cosas.

 

Así que iré al grano o más bien a la playa. La historia dice lo siguiente:

hace mucho tiempo dos espíritus sutiles se asombraron que a pesar de todo lo bello creado, a pesar del Amor y del amor entre las personas, éstas no eran felices. Sufrían por amor, una y otra vez. A veces encontraban gente feliz, pero era una minoría, y también en ellas observaron etapas.

Así que decidieron encarnarse y vivir a ver si en la propia piel descubrían el por qué de esta situación que no llegaban a entender por completo. Con el paso del tiempo amaron, y fueron amados. Y que decir tiene que sufrieron, y sufrieron también el despecho delante de su espalda, y como su pecho sentía en el corazón la espada. Confirmaron que era cierto lo que observaron tiempo atrás desde las estrellas.

Al término de sus vidas -y una vez resueltos los temas pendientes con otras personas- se volvieron a reunir un día cualquier en una playa. Ambos ya estaban solos en la vida. La pareja de uno de ellos había fallecido recientemente y la otra -después de todo lo vivido- decidió descansar y meditar sin pensar los últimos años de su vida.

En aquel encuentro, ambos se miraron, y se dijeron todo con la mirada. En ese momento, se empezaron a reír y no pararon en una buena hora, como nos otorga a todos y todas cada hora que es nuestra vida. Inmensas carcajadas resonaban en la distancia pues cayeron en la cuenta de lo que ya había pero que no se dieron cuenta.

Así que unieron su manos, y con las libres -antes de adentrarse de nuevo en el agua- aceptaron que aún habiendo descubierto el pequeño secreto del sufrimiento del amor y del alma, debían dibujar un ornitorrinco en la arena. Es decir, decidieron no dejar por escrito la solución al enigma y si tan curiosa y libre criatura.

Cada uno empezó en un extremo, uniéndose sus dedos en su pico. Tras ésto, se disolvieron en el reflejo de la luna que atendía la escena sobre las aguas como si de Una Leyenda se tratara.

La historia no termina aquí. Si no más bien aquí comienza, si es que los comienzos y finales importan, si es que tienen vocación de ser palabra.

Poco después una persona que sufría por amor caminaba por aquella playa solitaria en esa soledad que desespera. Lo normal, es que no se hubiera percatado del dibujo en la arena, pues con nuestras prisas y cosas propias no nos demos cuenta ni de la mayor de las Lunas llenas que nos planta delante su mirada.

Pero algo le llamó la atención sobre aquello trazos que ya empezaban a desdibujarse con la Casualidad del roce de las olas que poco a poco la besaban dándola una nueva forma.

Mientras miraba el dibujo preguntándose que sería aquello sobre la orilla -de repente tras el toque de una casual y suave ola- el ornitorrinco dibujado cobró vida.

Sorprendido, le miró, y entonces al verle -y tras una pausa- comenzó a reirse sin parar durante un buen rato hasta que acabó riéndose de si. No sé reía de esa criatura, se reía de sus propias penas. Así se sintió mejor, como se puede sentir el alivio de una brisa con su murmurante y silenciosa ola que a ras de su abrazo deja la sonrisa liberada dando aquel inerte vida propia.

Aquel hombre o mujer algo se le quedó en el alma, pues poco tiempo después contagió sin querer su sueño y despertar a otras personas. Lo que había visto nacer en aquella playa. Pensó -”si lo cuento creerán que estoy loco de verás”- y sin darse ni cuenta gracias al silencio de su mirada consiguió que mucha gente sin motivo descansara y sonriera.

Y hoy me pregunto que quizás por eso la ciencia dice que la risa y el bostezo sea lo único que se contagia en esta vida, pero a decir verdad también pienso que no se contagia todo menos la belleza. La risa y el sueño, como pasos al despertar de mi alma a tu alma, como es la caída de mi rama o de una sencilla hoja.

 

Así que si ha aguantado hasta aquí, creo que se merece otra confesión, el por qué me vino a la mente esta historia. Me acabo de dar cuenta. Pensaba esta mañana en dos amigas.

En una pensaba porque siempre me dice -de una manera muy seria- que el amor es una mierda y después acaba riéndose y con la sonrisa puesta, contagiándome su sonrisa. La otra por que a penas sé nada de ella, y no me cabe la menor duda del gran corazón que tiene y demuestra.

Así que de todas formas, haré lo que me corresponde en esta mañana y me voy a hacer la compra, sintiendo en mi corazón una única cosa.

Que fueron ellas en parte las que de alguna manera me inspiraron toda esta historia aunque como yo no entendemos el por qué de muchas cosas.

Una porque -aunque lo niegue- tiene una preciosa sonrisa que derrite a las mismas lágrimas pétreas de las gárgolas, y la otra porque le encanta dormir sin que me quepa la menor duda de la belleza de su mirada aún cuando sus ojos se cierran acurrucándose junto a su corazón y alma.

Pues será mi sueño de mi
quien me despierta en esta orilla
al sentir aquí dentro de mi
en una mirada una sonrisa tuya.





11 10 2007

 

ausencias y presencias

 

En cuestiones de relaciones sentimentales opino que éstas son importantísimas para completar al ser pero también en su ausencia encuentro -si cabe- más importancia.

Tras relaciones intensas conviene periodos de limpieza tanto interior como exterior. Por ejemplo, limpiar la casa, desechar toda clase de objetos que más tarde pueden resultar innecesarios recuerdos y apegos. Centrarse -por ejemplo- en fregar el suelo a mano es una buena actividad para ir poniendo en su sitio tanto las emociones como la mente. Pasear sin pensamiento alguno -en la medida de lo posible- también.

En cuanto a la interior, encuentro que es beneficioso reconocer y aceptar con calma lo que sea. Son momentos difíciles y muy confusos donde se juntan toda una serie de emociones que conviene desplegar y sacarlas como si fueran nubes, para que acaben disolviéndose con naturalidad.

El humor y reirse de uno mismo es un potente catalizador de este tipo de emociones que quedan latentes en la sintesis de una muy especial: la alegría.

A fin de cuentas la virulencia de las tormentas es temporal. También su belleza pero distinto es la calma de las aguas donde se descargó esa virulencia.

También puede resultar positivo entender que solo el corazón es capaz de asimilar con sencillez las pérdidas y ganancias derivadas de la impermenancia a la que está sujeta la vida de cualquiera. El ego, en cambio no. Invertir esfuerzos en él no merece la pena.

Por mi parte, me ayuda entender que el bien es aquello que nos libera y permite liberar. Tener esto presente puede resultar de gran ayuda, así como que en esos momentos lo mejor es vaciarse, descalzarse, desaprender.

Aprender a decir «hola» y «adiós» es la marca del guerrero que ya no necesita armas.

Por otro lado, una lección importante para el alma es observar que estar enamorado no es un estado exclusivo de una relación de pareja. Si he estado enamorado, ¿por qué ahora no lo puedo sentir cuando no estoy con nadie?

Se puede experimentar de muchas diversas formas resultando igualmente enriquecedor. Es más, llegado el momento es hasta necesario esta experiencia para apreciar las siguientes.

Quien recorre gran parte de estos estadios o estados quizás pueda reconocer y decirse con calma que me han amado, me han odiado, he amado, he odiado, me han ignorado y he ignorado. Zanjar los asuntos pendientes es importante, y si no quieren, seguimos.

Las emociones y su expresividad es trascendental para nuestro desarrollo personal. También educar la mente y el corazón es necesario si uno quiere bienestar. La felicidad es subjetiva. Distinto es la serenidad interior.

Quizás el reconocimiento de este amplio espectro de emociones (algunas realmente fantasmales) y posterior aprendizaje creo que son necesarias para que cuajen en relaciones de todo tipo -no solo sentimentales- y que éstas puedan ser francas e intensas. Naturales. Porque a decir verdad, también las hay.

Y mientras llegan éstas o no llegan, conocerse es una gran experiencia. Una experiencia que dura muchas vidas y que cuando llega no hay duda que la respuesta queda enriquecida por todo aquello que creímos y nos desprendimos de nosotros mismos. Especialmente de los prejuicios que suelen ser malos consejeros tanto a la hora de conocerse como de conocer a otros.

El color se expresa y se reconoce también gracias a su contraste, del mismo modo que la calidad de la sombra depende de su sol, y no hay duda que los mejores paisajes se pintan en lienzos en blanco. Del mismo modo es el agua, que tiene cabida precisamente en recintos vacíos. Y hay ciertas bienvenidas que necesitan todo el espacio del mundo. De tu mundo. Es decir, toda una buena noticia.





2 08 2007

 

En temas sentimentales, ¿debe haber tanto arroz como corazón?

 





30 07 2007

 

Dos y dos, ¿la cuestión?

 





24 07 2007

 

Conocerse, ¿es la profesión del ser humano?

Entonces, ¿admite paro?

 





20 07 2007

 

Esperar, ¿es para valientes?

y desesperar, ¿para los dientes?