21 06 2008
El mismo: “El tiempo es como esparcir arena. Una vez que reposa se ve lo que sobra que siempre es más de lo que falta.”
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Categorías : Pensamientos
El mismo: “El tiempo es como esparcir arena. Una vez que reposa se ve lo que sobra que siempre es más de lo que falta.”
El caminante: “no veo, pero al menos con tranquilidad te puedo decir que estoy a oscuras”.
El usual: “Si uno quiere saber algo de sí, que mire donde está la sombra de sus pies.”
El explorador: “no son los años, son los trastazos.”
El constructor: “si nos hubiéramos tomado la torre de Babel en serio, la hubiéramos hecho de Silencio”.
Con frecuencia es difícil contestar a la siguiente pregunta: qué es alma. ¿existe de verdad? En diversas ocasiones, me he encontrado con personas que sencillamente con fe ciega afirman de su existencia. Otras en cambio, lo niegan.
Y hasta si cabe, taladran la pregunta, y miran a otro parte sin pensar ni tan siquiera si se equivocan. Vamos, como todos los que tenemos boca, del mismo modo que conocernos, no es describir el ego propio como si hiciéramos la lista de la compra, aunque si que es importante lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Lo que nos hace sentir bien, y no tan bien.
Es la misma pregunta que puede dar cabida a emociones aparentemente contradictorias. De esperanza, y de mi miedo, de ignorancia. Y al llegar a este punto, me da por pensar que siempre la sorpresa es cosa propia. Es decir, experiencia personal sin palabras, y que lo único que va a acabar en el incinerador, van a ser mis neuronas.
Tampoco creo que se necesite de ningún credo o religión en partircular. Es más, hasta preciso que si llega el momento hay que prescindir de todo, hasta de lo que entendemos cada uno por alma.
A fin de cuentas la naturaleza antes de nacer, ya sabe volar. Como nadar, y más veces de las que pensamos ésta ya sabe por donde se anda su par. Es esa cosa (que algunos llaman poderes específicos del alma) tan clara como confusa llamada intuición.
De los nombres que puede recibir, muchos. A veces se le llama corazón, otras espíritu por sacar algunos ejemplos. También es energía. Vibración, Vacío. Emoción, sentimiento. Y sin duda, -al menos para mi- la mejor prueba de su existencia y Naturaleza emocional. O al menos cuando yo me noto, la siento. Pero no se preocupe, que no la veo.
Incluso en estados avanzados de meditación (o cuando la Vida nos mira con buenos ojos) su percepción puede llegar a vislumbrar que es el propio cuerpo. Cada célula y tejido de nosotros. Es decir, el alma es el cuerpo. Y así, fíjese usted todas las que se pueden ver al tiempo con tanta naturalidad.
Pues separar lo físico de lo espiritual suele causar más cojeras de lo normal en un mundo donde todo cambia -se trasnsforma- lenta e incesantemente. Donde regar, es la causa, y crecer el efecto. Es más, hasta si paramos nuestros pensamientos, si paramos nuestro cuerpo, nos sorprenderemos de todo lo que se mueve y está.
Y hasta quizás tengamos la certeza de sentirla pues no hay mejor prueba de ella que sentirla sin palabras. A través de la emoción, de lo que sentimos sea como sean esos sentimientos. Pues llegado a ese punto lo que menos precisa ésta es que encima le echemos toneladas de sentimientos culpables.
A fin de cuentas, también el alma es luz y oscuridad, como en la sombra hay luz, y luz en la sombra.
De todas formas, y así de claro lo intentaré decir, cuando me lío, busco algo sencillo y lo toco, lo siento. Sin pensar, en calma. Y me encanta posar mis manos en la tierra, y lentamente profundizar como si mis dedos fueran raíces. No busco nada en especial, y menos mi alma que por ahí andará. Si no a decir verdad, sentirlo todo junto como si todo fuera lo mismo sin diferenciar.
Bueno, tampoco es tan raro. Todos alguna vez buscamos un tesoro escondido bajo la tierra. Ya que el tesoro sea el oro o lo que nos hace sentir es como tantas cosas una aceptación personal.
A estas alturas me resultaría difícil echar memoria, si es que la ilusión tiene también alas. Aunque si que es cierto que en algunas ocasiones ésta me viene a mi mente como si su propia demora tuviese cabida en mi ahora. Y es tan pregunta como respuesta si es que mi propia duda se deja.
Muchas veces no me queda otra que arrojar la toalla, y dejar que ésta quieta y que se disuelva, se vaya de la misma manera que vino. A golpes de sorpresa o con sus suaves melodías a cálidas aureolas le dejo abierta hasta el cielo, la puerta. Incluso los infiernos por si solos tienen cabida cuando el alma desespera y aulla en los ecos de la mente que se quiebra. Más impermanencia.
De todas formas, muchas veces ni pienso si es que el pasado ya algo importa cuando uno se transforma dejándose sentir en su propia derrota. También de ahí brotan las veraces y efímeras medias sonrisas que parecen escaparse abarcando todo el Ahora. Pues el viaje se hace liviano ya sea en ésta o en la otra orilla si lo pendiente queda de la mano de la pequeña alegría.
A fin de cuentas los pasados no son más que estados mentales que adoptan las más variopintas formas, contando de la mitad esa otra mitad que intenta explicar precisamente toda la historia a pesar de mi ignorancia. Y después si uno sobrevive hasta puede contar telas y arañas. Lo demás a la cueva. Y si le queda aún energías no queda otra que reírse de uno mismo con todo el encanto del alma.
Pues de ahí surgen los encantamientos que enamoran percibiendo que lo pequeño es inmenso si se quiere tanto como se le deja. Será la voz del silencio que susurra la misma intensidad que algunas veces nos puede mostrar en la sinceridad de la palabra.
Y en este punto, me pregunto si es que contar mi historia merecería la pena, o sea, merece su tiempo o el mío. O debería decir, por favor, ¡más caracolas!.
De todas formas, seguramente en mi caso si cuento mi historia haría que en algún momento se me recogiera la mirada, y por estas fechas éstas buscan levantarse aunque sea con algo de tardía con el alba, y por qué negarlo, también recuerdan.
Pues no es por mirar si toda espera recibe su recompensa, o compensa toda espera, pues será que el sentir se acaba notando de alguna manera precisamente ahí, en esa mirada que cuenta por si sola toda la historia.
Pero para eso hay que estar, mirar como salga a otra persona, pues así es como cuentan que sale el alma adoptando su natural forma. Ya lo que llegue es la sorpresa y desvelar tal belleza sería como contar una historia, es decir, dejar las cosas a medias y hacer creer que las cosas se terminan y se completan cuando en cada momento se inician cada día.
La verdad es que me perdí casi toda la historia. Nunca fui capaz de pasar de las cien hojas, y eso que fue un precioso regalo de una persona. El caso es que ya tenía curiosidad de saber cual era aquel misterio tan grande que contenía las ochocientas páginas. El por qué de tantos asesinatos durante siglos e intrigas.
Así que fui directo al final para ver si me merecía la pena recorrer toda la historia. No por hacer trampas es por que quería valorar si me merecían las setecientas páginas que me faltaban. Supongo que alguna ocasión la habrá pasado también, que las ganas y la curiosidad te hacen ir directo a lo importante como si el resto no importara. Abrí el libro por el final, y donde abrí, y allí me quedé continuando la historia.
¿El elixir eterno de la vida? -encontré en esas páginas-. No me jodas, -sonreí-, el caso es que me suena esta historia. Bueno, como a todos y todas. Estaba claro que me decepcionó un poco ya que esperaba otra cosa. Es decir, cosa mía. Eso si, ¿qué esperaba? La verdad, ni idea. Pero no la vida eterna, y menos un refresco de ésta.
Aún así sentí que algo había cambiado en mi vida cuando ya no me preocupaban estas cosas. Quizás por que cuando no hay búsquedas, vienen las cosas o se van. O Serán las dos cosas juntas, -pensé-. Que también en aceptar a las personas como son tiene algo de la fórmula de la vida eterna. Como que a través de las personas que nos corresponden se entiende de alguna forma que el tiempo es uno mismo, y que de haber problema son las telas de araña propias que nos tejemos como si supiéramos toda la historia. De ahi, que siempre viene bien tener tijeras, como las tenemos en una cocina cualquiera.
Entonces, me vino a la mente de uno de los días que estuve sentado en lo alto de una montaña.
Recordé aquel colibrí que me hacía compañía, mientras disfrutaba de su néctar que tanto apreciaba. Parecía que no hubiera más y a la vez tuviera el universo entero en su aroma. Del que parecía brotar el silencio que me llenaba y que fue capaz de sacarme la sonrisa.
Porque a decir verdad no es que obtuviera la formula de la vida eterna, es que sentí que hay muchas cosas innecesarias para la vida cotidiana. Y menos mal, que Amar no está entre ellas, y que además nos completa como el Colibrí lo hace con su Néctar. El resto, quien sabe, según el día pensaré que está en la cueva o por ahi, volando libre acurrucado bajo las alas blancas de un Aguila Ancha. O en el beso que te dí porque el hoy era lo único que nos quedaba.
Al rato anocheció, y regresé al pueblo más cercano. Estaba sediento del día. Paré en una pequeña fuente que presenciaba -desde abajo- aquella montaña, y los dos caminos que por entonces tomaba. Sin más, bebí agua, y regresé a Madrid pensando si alguna vez me acordaría de esta pequeña historia.
A estas alturas del viaje no sabría muy bien qué decir. De donde partí, a quien o quienes dejé atrás. Quienes me dejaron a mi. Quienes de forma casual y causal están cerca de mi. O hacia donde me dirijo o qué podré compartir con quienes estarán -y yo estaré- a su lado porque lo estime o lo estimen así.
Qué el reencuentro es a veces el mismo latir de todo lo que no vivimos por que sí. ¿será qué si? ¿latir? ¿invitar a todo lo nuevo por descubrir? Decir otra vez, si.
Me siento en mi silencio -hoy me cuesta escribir- y dejo salir en bruto mis sentimientos sin saber qué dirán de mi salvo qué bueno que aún desconozca tanto a pesar de todo lo que recorrí. Me sale una media sonrisa -valiosa y efímera-, y me voy sencillamente a dormir.
En la cocina:
En cortar a dios, y en cortar una cebolla -como ves- no hay diferencia. Ahora bien, la sal ya es cosa de ella.
Notación:
En el oficio del jardinero, está también conocer las malas hierbas.
Comentario:
Su locura -como dice- es pasajera. Lo que sucede es que no veo que le invite a hacer las maletas. Por mi parte, me apretaré un poco la camisa de fuerzas.
Distancias:
“no son los kilómetros, son las ex, y Si, respondiendo a su pregunta, la amé de veras.”
Los días:
Dar vueltas, y vueltas es normal. Hasta tener la impresión que estamos igual, igual que al principio, como si lo vivido no hubiera servido de nada. Total, recuerda a los exploradores que señalaban confiados más allá del horizonte, marcándose la ruta. Y pocos se dieron cuentan que este planeta da una vuelta completa todos los días.
Las noches:
Hay quien no deja ni huella. Y no es porque sea un zorro y las borre con la cola o tenga malas ideas. Es sencillamente porque hay viajes que se hacen con el cuerpo y el alma, y se evidencian sentados como si ese más allá que se busca detrás del horizonte como una leyenda estuviera donde está, aquí y ahora. De ahí que luego uno se ría al darse cuenta que intrascendentes son las mismas trascendencias. Vamos, como cortar una cebolla.